Homenaje a la Querida
Madre Teresa Sagastume
A los 90 años, después de haber trabajado incansablemente en la
Congregación Hijas de Jesús en bien de la educación y fiel a la
Iglesia a la que siempre quiso y defendió, falleció la Madre
Teresa Dominga Sagastume.
Docentes, religiosas, autoridades educativas y tres generaciones
de estudiantes la despidieron el domingo de Pascua con inmenso
dolor en la Capilla del Colegio Corazón Eucarístico de Jesús de
la ciudad de La Plata, uno de los escenarios en los que plasmó
una vida fecunda.
La Madre Teresa había nacido el 24 de octubre de 1920 en
Magdalena, en el seno del hogar conformado por Trinidad Irigoyen
y José Sagastume y creció junto a sus hermanos Isabel, José,
Jacinta, Ignacia y Ramón.
Con una marcada y profunda convicción cristiana ingresó a la
Congregación de las Hijas de Jesús el 13 de julio de 1940. Ese
fue el hito de un extenso y próspero camino que la llevó tres
años después a hacer sus primeros votos como religiosa y el 10
de marzo de 1950 a asumir los votos perpetuos. Profesó un gran
amor hacia la Congregación a la que entregó su vida de manera
incondicional.
Fiel al legado que le dejara Santa Cándida María de Jesús asumió
un rol protagónico como docente, así hizo propio el objetivo de
trabajar por la educación católica de los jóvenes. Educadora
emprendedora, apasionada y entregada, entre 1954 y 1958 se
desempeñó como directora del Colegio Eucarístico; a partir de
ese año y hasta 1963 ocupó el mimo cargo en el Colegio de las
Hijas de Jesús en la ciudad de Buenos Aires. Desde 1963 hasta
1984 retomó el rol de directora en el Colegio de La Plata.
Su riqueza espiritual y su capacidad intelectual, siempre
deseosa de ampliar sus conocimientos, le permitieron estar al
frente de la Congregación Provincial de la Argentina entre 1978
y 1984. Además fue maestra de junioras y directora del Colegio
Mater Purísima de la ciudad de Córdoba hasta el año 1990. Luego
regresó a La Plata y hasta el año 2000 participó del equipo
directivo del Colegio Eucarístico.
Profundamente humana, fue poseedora de una gran sensibilidad que
le facilitó comprender el dolor de los demás para acercarse a
ellos, sobre todo a las familias, alumnas y ex alumnas. Quienes
la conocieron la definieron como una religiosa ejemplar, gran
compañera y concienzuda consejera.
El peso de los años no logró doblegar su espíritu abierto al
diálogo ni su sonrisa franca, aquella con la que día a día se
acercaba amorosamente a sus alumnos, quienes sin lugar a dudas
recordarán sus enseñanzas y su ejemplo de vida como un camino a
seguir.
Gracias Madre Teresa por habernos brindado tu vida dedicada a la
educación desde la fe. Siempre te tendremos en nuestros
corazones.
Hasta Siempre!